Libro: LA HORA DE LOS HALCONES

LA HORA DE LOS HALCONES

Autor: Phillip Durán Pastene

Editorial Planeta 2013. 1° edición enero del 2014

277 páginas.

la-hora-de-los-halcones_caratula789504938729.jpgEl periodista chileno Phillip Durán, sub editor del diario la Segunda, perteneciente al Grupo El Mercurio y a través de Editorial Planeta, ha publicado el libro “La Hora de los Halcones” narración que investiga la historia de la demanda marítima peruana ante la corte internacional de La Haya. En entrevistas a medios chilenos, el autor afirma que ha sido una larga y ardua investigación de más de 8 años de duración[1], mediante el estudio de fuentes periodísticas, archivos personales y entrevistas a los protagonistas y personas del entorno presentes durante las negociaciones. Esta particularidad brinda la oportunidad de conocer las opiniones y problemas que los protagonistas de la historia se vieron obligados a enfrentar, así como una interesante exposición y explicación de los reservados métodos diplomáticos, así como la inevitable implicancia de terceros actores que fueron las Repúblicas de Ecuador y Bolivia.

El libro narra la génesis de la demanda peruana a través de las comunicaciones del embajador Bákula y las tesis sostenidas por varios investigadores peruanos entre los que se encuentra el almirante Guillermo Faura y Eduardo Ferrero. El autor describe la actuación de la diplomacia peruana la misma que se refleja como muy efectiva y astuta ante una cancillería chilena que no pudo prever ciertas tácticas.

Narra desde el evento conocido como “el incidente de la caseta” acontecido en abril del 2001, cuando elementos de la armada chilena instalaron un puesto de vigilancia en territorio peruano (triangulo terrestre en disputa) en flagrante desobediencia al poder civil chileno representado por el presidente Ricardo Lagos. El almirante Jorge Arancibia provocó uno de los primeros y numerosos impases entre Perú y Chile. Este episodio refleja la dificultad de los sucesivos gobiernos en contener la reacción militar chilena, los “halcones” de la historia, en un momento que iniciaban el plan de las abultadas adquisiciones militares que no termina hasta el día de hoy. Narra el supuesto hallazgo de micrófonos en la embajada chilena en Lima, en la oficina del agregado naval e incluso en el despacho del embajador Juan Pablo Lira en el 2001. El canciller Javier Pérez de Cuellar, indica Durán, reconoció la culpabilidad peruana de espionaje, al afirmar que deben haber sido colocados en la época de Fujimori, aunque se negó a iniciar una investigación.

Recuerda el hecho que la nueva administración del presidente Alejandro Toledo tuvo que nombrar al embajador Alan Wagner para reemplazar Diego García Sayán debido a que “su padre, en entonces canciller Enrique García Sayán, “había suscrito en 1947 un decreto en el que se establecía utilizar los paralelos geográficos para proyectar la extensión del mar peruano”[2]. García Sayán, tendría para el autor, un conflicto de intereses.

El rol del ex presidente Alan García merece especial atención por parte del autor. Afirma que García aseguró a la presidenta Michelle Bachelet que el tema no sería tocado durante su gobierno.

“Michelle, no te preocupes, ten la certeza de que este tema no lo vamos a poner nosotros. El tema no saldrá de la gaveta del escritorio”.[3]

Pasado el tiempo, el congreso chileno aprobó la ley de creación de la región Arica-Parinacota especificando como límite norte de la provincia, el Hito N°1 y la proyección del paralelo, acto que mereció la firme protesta peruana. Sin embargo Durán descubre que el canciller Alejandro Foxley (y por consiguiente la presidenta Bachelet) no tenían conocimiento de la aprobación de dicha ley. Debido a esta crisis, la cancillería chilena invitó a los representantes peruanos (embajador Popolizio) a discutir el problema surgido.

“En medio del diálogo, coinciden fuentes de ambos países, Barros consultó a Popolizio si el Perú estaría disponible [sic], por ejemplo, para resolver el asunto de otra manera: ratificar un paralelo como límite marítimo, en la medida en que Chile considerara la posibilidad de revisar la ubicación de la frontera terrestre en el Hito N° 1”[4].

Los diplomáticos peruanos consideraron que la oferta chilena no era “demasiado generosa” y fue desechada por contravenir la postura peruana. Esta conversación extraoficial jamás trascendió a la prensa. García Belaunde expresó que existía una “mano negra” en el gobierno chileno [podría decirse en el Estado chileno con mayor propiedad] que cambió la redacción de la ley protestada. Eran “los halcones pasándose de listos” según Torre Tagle.

Otro pasaje digno de analizarse ocurre durante la entrevista que sostuvo el canciller chileno Alejandro Foxley con la secretaria de estado norteamericana Condolezza Rice en Washington en el 2007. Foxley le preguntó a Rice su opinión sobre el diferendo limítrofe que sostenían con el Perú, dado que EEUU era el árbitro oficial en caso de controversia terrestre. La repuesta de Rice lacónica y sorprendente fue:

“Nosotros no nos especializamos en conflictos limítrofes, dijo la secretaria de estado, y agregó que no había interés de su gobierno por involucrarse en una situación de ese tipo”[5].

La postura de Rice contradice la supuesta responsabilidad de su gobierno en caso de una demanda peruana por realizar un arbitraje. ¿Acaso estaba evitando un nuevo frente de conflicto o simplemente no estaba bien informada de las responsabilidades y acuerdos? Esta revelación debe servir para que cancillería peruana conozca a ciencia cierta cuál sería el rol de los Estados unidos en caso de ser requerido su arbitraje.

El 20 de marzo del 2009, el Perú entregó el primer escrito a la corte, paralelamente, Michelle Bachelet ya se sentía profundamente engañada por Alan García. Chile recurrió a la Oficina Hidrográfica del Reino Unido (UKHO) supuestamente para conocer los puntos reclamados por el Perú. Luego de este curioso acercamiento con autoridades británicas, Durán narra varios hechos que enturbiaron la relación internacional. Uno de ellos fue la filtración de un video que mostraba al general Edwin Donayre afirmando que enviaría a los chilenos en “bolsas de plástico”. Coincidentemente, Alan García lanzaba la iniciativa en foros internacionales para la limitación de la copra de armas en clara alusión a la carrera armamentista iniciada por Chile.

El clímax llegó en noviembre del 2009 cuando se hizo público el arresto del espía chileno, el Tc. FAP Víctor Ariza (arrestado el 30 de octubre). Sólo un par de días antes, el congreso norteamericano había autorizado la venta de 100 misiles de largo alcance AIM-120C-7 (AMRAAM) para equipar los nuevos aviones F-16 lo cual les brindó una clara ventaja táctica. García Belaúnde enfiló sus críticas al espionaje y armamentismo chileno, llamó en consulta al embajador Pareja (efectiva protesta), finalizando con el calificativo de Alan García a Chile a quiénes denominó “Republiqueta”. Afirma Durán que desde Lima le explicaron que la filtración no la había realizado la cancillería sino sectores nacionalistas con el almirante y vicepresidente Luis Giampietri a la cabeza[6], debido a que la postura de Alan García restringía las adquisiciones de armas para el Perú.

Otro asunto interesante es el supuesto quiebre de la alianza chileno-ecuatoriana, aparentemente monolítica y contraria a los intereses peruanos. En la narración el autor explora los eventos relacionados a la participación del gobierno ecuatoriano, liderado por el presidente Rafael Correa, reconocidamente pragmático, quienes finalmente apoyaron la posición peruana firmando un acuerdo de límites basado en el paralelo de facto. En esta maniobra el presidente Piñera y Chile perdieron un importante e histórico aliado. De ahora en adelante las relaciones deberán pasar el filtro de los intereses mutuos y no las simples tradiciones, “en realidad, Ecuador había definido desde el principio que debía apostar por resolver sus propios asuntos”[7].

Durante noviembre del 2010, el entonces candidato Ollanta Humala y su esposa fueron invitados a la delegación chilena en Lima para entrevistarse con el presidente Piñera durante una visita oficial al Perú. Sorpresivamente al finalizar la reunión, Humala le alcanzó una carta en la que solicitaba pedir perdón al Perú por las atrocidades cometidas durante la Guerra del pacífico, la venta de armas a Ecuador durante el conflicto del Alto Cenepa en 1995, el espionaje del Tc. Ariza y la devolución del Huáscar y otros trofeos de guerra sustraídos durante la guerra. Humala le escribió:

“si queremos mirar al futuro y hablar de integración, sería un noble gesto de su gobierno reconocer la responsabilidad histórica de Chile en la agresión contra el Perú.”[8]

Sin embargo afirma el autor que la cancillería chilena reconoció en el futuro mandatario al “nuevo Humala” por lo que “apostaron por validarlo”. El nuevo presidente electo del Perú visitó La Moneda el 15 de junio del 2010 y ofrecer ya no hablar de “cuerdas separadas”, sino de “relación integral” y trabajar en una agenda post Haya. Las relaciones Lima-Santiago se descongelaron aunque surgieron algunos incidentes que provocaron nuevas, pero pequeñas, crisis como la captura de un helicóptero privado sobrevolando la base aérea FAP La Joya, y la acción de los militares chilenos al cercar un área de la zona terrestre en litigio al moverse las minas terrestres debido a un alud. Esto siguió a las declaraciones provocativas del ministro de defensa Andrés Allamand, otro “halcón” chileno. La FAP en protesta se inhibió de participar en la FIDAE 2012 y participar en el aniversario de la FACH.

Otro aspecto del libro explica las negociaciones con Bolivia, cuarto interesado en el tema de la demanda. Chile le ofreció una salida al mar en forma de una concesión o arriendo por 99 años, en una caleta al sur de la quebrada de Camarones (no específica ubicación) en la cual los bolivianos podrían construir un muelle para la exportación de hierro y litio. Ubicación más favorable que el puerto de Cobija, al norte de Antofagasta (2007). En noviembre del 2010 Chile cambia su oferta por una muy similar a las del Perú (Boliviamar) en una franja costera al norte de Arica, pero anteriormente Alan García había limado asperezas con el presidente Evo Morales de Bolivia y habían disfrutado de un día de negociaciones y playa en Boliviamar. Los ofrecimientos chilenos no prosperaron.

En el 2011, la DEA con ayuda de los Carabineros de Chile, arrestan al general de la policía boliviana René Zanabria Oropesa jefe del organismo antidrogas, en la ciudad de panamá. Esta acción fue interpretada como una traición chilena por el gobierno, y como una represalia por haber expulsado a la DEA de Bolivia desde el 2008. El caso enfrió las relaciones con Chile, apoyadas en parte por la gestión del ex canciller Manuel Rodríguez Cuadros, enviado especial del gobierno peruano para contribuir en la solidificación del histórico eje Perú-Bolivia.

El 3 de junio del 2013 el presidente Humala citó a una reunión en Palacio de Gobierno a los ex presidentes, ex cancilleres y dirigentes partidarios. En la reunión Alan Wagner afirmó que la Haya no reconocería los tratados del 52 y el 54, pero que tampoco reconocería la línea equidistante.

“el rumor que había corrido fuerte en círculos diplomáticos era que el tribunal validaría el paralelo hasta la milla número 12 o al menos la milla número 100, para de allí en adelante conceder la bisectriz peruana. Sería una solución con tientes salomónicos, aunque con más gusto a triunfo para el Perú”[9].

Llama la atención el hermetismo alrededor de esta información, la misma que no trascendió a los medios de prensa. En el Perú persistió la incertidumbre hasta el día del fallo del tribunal internacional que sorprendió a expertos y opinólogos. Nadie acertó una proyección sobre el posible veredicto de La Haya.

La redacción del libro termina el diciembre del 2013 y no ha necesitado la espera del veredicto final de enero del 2014. El trabajo de investigación de Phillip Durán ha documentado plenamente que el fallo final ya era conocido por los actores de ambos países quienes mantuvieron estricta reserva ante la opinión pública y posiblemente para protegerse de la reacción de los “halcones”.

Finalmente, Jamás fue la hora de los halcones.

 10ABR14

 [1] Emol- 30 enero 2014

[2] Pp. 43

[3] Pp. 67

[4] Pp. 83

[5] Pp. 95

[6] Pp. 141

[7] Pp. 204

[8] Pp. 206

[9] Pp. 225

Publicado en Uncategorized | Etiquetado , , , , , , , | Deja un comentario

Tratado de Libre Comercio Mercosur-UE: ¿nuevo estatuto legal de la dependencia?

Imagen

Por: Carlos Andrés Ortiz

Si bien el tema tiene poca repercusión mediática, siguen sin pausa las gestiones (¿presiones?) de la Unión Europea para que el Mercosur rubrique el Tratado de Libre Comercio (TLC).

Lo notable es el poco espacio que a tan importante tema le han dedicado diversos analistas, ubicados en diferentes espacios del espectro político-económico argentino y de Sudamérica. Y tampoco existe difusión precisa acerca del alcance real de dicho TLC. Pero conociendo el recurrente concepto de “libre comercio”, no es posible confiar que nos sea conveniente. 

El tema resulta extremadamente preocupante, por las connotaciones negativas que tendrá, operando como insalvable freno a nuestro desarrollo socio económico y tecnológico, habida cuenta de las experiencias históricas en la materia, y conociendo la enorme disparidad entre las economías “comunitarias” y las del Mercosur, o eventualmente de la Unasur. 

Existe el antecedente muy cercano del fundamentado rechazo que Sudamérica le propinó a EEUU con su proyecto del ALCA en la Cumbre Presidencial de Mar del Plata, en 2005. En esa oportunidad, los artífices principales que impidieron que Bush (hijo), en su rol de presidente de la potencia del norte consumara su promocionado y presionado proyecto, fueron los presidentes de Venezuela, Argentina y Brasil; Chávez, Kirchner y Lula. 

Muchos sudamericanos, con claro sentido de la defensa de nuestros intereses nacionales y regionales, nos alegramos sinceramente cuando fracasó el ALCA, que en rigor pretendía ser el instrumento de neocolonización económica que nos atara y subordinara, en forma irreversible, a la poderosa pero conflictuada economía norteamericana. 

Claramente, con ese tratado, EEUU buscaba no solo asegurar como mercado propio a toda Íbero América y El Caribe, sino también utilizarnos como válvula de escape, para descomprimir –en parte, pero significativamente– la seria crisis estructural de la primera potencia mundial. Es la vieja táctica de “exportar las crisis”, tan repetidamente utilizada por Europa Occidental y EEUU, ahora envuelta en el colorido ropaje del “libre comercio”. 

Entonces, si el ALCA o TLC con EEUU fue desestimado por su negatividad para nuestros intereses regionales, ¿por qué ahora está intentando crearse consenso favorable respecto al TLC en marcha con la UE? 

En 1935, en el marco de un régimen de gobierno oligárquico y fraudulento [Argentina], se firmó el Pacto Roca-Runciman, con cláusulas tan lesivas a nuestros intereses y a nuestra soberanía, que fue calificado por Arturo Jauretche como “el estatuto legal del coloniaje”. El entonces vicepresidente argentino y responsable principal de nuestro país en las negociaciones, en su discurso exclamó que se sentía complacido porque en los hechos, Argentina formaba parte del Imperio Británico. 

Ese Pacto era otra versión de TLC, acomodada a la época y la conjunción de intereses imperiales y de los oligarcas nativos, estos últimos siempre tan “liberales” y conspicuamente antinacionales. 

“la conjunción de intereses imperiales y de los oligarcas nativos, estos últimos siempre tan “liberales” y conspicuamente antinacionales”

Es indiscutible que la perversa doctrina del “libre comercio” fue la poderosa herramienta de colonización político-económica que nos mantuvo sojuzgados al Imperio Británico. Después, EEUU pasó a ser la referencia imperial dominante, pero la influencia colonialista británica siguió siendo fuerte en Argentina. 

El liberalismo económico fue el instrumento de colonización económica, que complementado con las herramientas de colonización cultural, nos mantuvo como colonias económicas del hoy viejo y decaído –pero aún muy peligroso– imperio británico, y luego de su sucesora anglosajona del continente americano. Ideas falaces y notablemente perversas, como “las ventajas del libre comercio”, “las conveniencias de la especialización económica”, “las (supuestamente) insuperables limitaciones de los costos comparativos por limitaciones de escalas productivas”; sumadas a las perversidades de inculcar las supuestas y nunca demostradas “inferioridades crónicas” de nuestras capacidades, siempre comparadas desde el menosprecio a lo propio y a nuestra gente, por los agentes de la colonización cultural, fueron poderosos factores que impidieron o dificultaron en grado sumo salir del limitado y subordinado rol de simples productores de materias primas, que era tan funcional a los intereses imperiales, y tan gustosamente aceptado por sectores internos cómplices con esos dictados. 

Bajo esos esquemas de colonización cultural y dependencia económica, se tardó décadas en extender la instrucción secundaria, y solo a mediados del siglo XX las Universidades Argentinas se tornaron accesibles a los sectores medios y populares, y eso no es casual, pues es bien sabido que la gente que piensa puede ser “peligrosa”, pues termina comprendiendo diversos mecanismos de la realidad, entre ellos los referentes a las múltiples y sutiles redes que mantuvieron estructuras socio-económicas crónicamente dependientes. 

Por otra parte, nadie medianamente bien informado puede desconocer las aplicaciones prácticas del “libre comercio” ejercidas por EEUU y Europa, siempre tan “liberales” para exportar y tan proteccionistas para importar. ¿Cómo desconocer que la UE se niega a importar alimentos producidos en forma mucho más eficiente y económica por nuestros países, para mantener sus estructuras agrarias nada competitivas? ¿U olvidarse que cada vez que quisieron cortar las exportaciones de carnes argentinas pretextaron aftosa u otras zoonosis, recurrentemente falsas? ¿Puede ignorarse que las acusaciones dedumping a las exportaciones de biocombustibles de Argentina a España y otros países de la UE, fueron en verdad claras represalias por la decisión soberana argentina de recuperar la petrolera estatal, rifada por monedas en los aciagos años de exacerbación del neoliberalismo en Argentina, en la nefasta década de los noventas? 

¿Puede ser acaso conveniente un TLC de un bloque en desarrollo con el bloque que pese a los problemas sigue siendo el de mayor PBI del mundo? 

Hay sobrados y más que bien fundamentados motivos, para dudar acerca de las “bondades” del TLC, que calladamente y tras bambalinas, parece querer imponerse al Mercosur, y con él a la UNASUR. 

 

(Cortesía de La Voz de Rusia)

 

Publicado en Uncategorized | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Operación Chavín de Huantar: la injusta contradicción

22 de abril del 2012

A quince años de la impecable operación de rescate de los rehenes de la embajada de Japón, los peruanos no podemos lucir con orgullo la capacidad, arrojo y valor de miembros de nuestra sociedad, los hijos del pueblo que rescataron a ciudadanos de las garras de los demenciales sujetos que se autodenominaban miembros del movimiento revolucionario Túpac Amaru (MRTA) Luego del rescate de los rehenes, en su mayoría israelíes, del aeropuerto de Entebbe (Uganda) el 4 de julio de 1976 por las Fuerzas de Defensa de Israel, la literatura y el cine se poblaron de obras que resaltaban la eficiencia y el valor de las fuerzas israelíes (y a nadie se les ocurrió enjuiciarlos). En Colombia, las fuerzas armadas ejecutaron la impecable operación Jaque el 2 de julio del 2008 rescatando a un importante número de rehenes de otro grupo terrorista marxista-leninista, las FARC, empleando la fachada de ser miembros de la Cruz Roja. Esta organización elevó su protesta ante los tribunales internacionales por el uso indebido de sus emblemas pero, y en pocas palabras, los han mandado a “freír monos en sartén de palo”. Prima el acto de salvar vidas de personas retenidas en contra de su voluntad en manos de grupos irregulares que emplean tácticas terroristas, reñidas con las reglas internacionales de combate. En el Perú, el país de las contradicciones, aun no podemos mostrar al mundo con orgullo la película que está por rodarse sobre el heroísmo de los comandos Chavín de Huantar, la poca literatura ha sido el acto heroico de las propias víctimas, los rehenes, que han descrito sus traumáticas vivencias en manos de los comunistas-marxistas-leninistas del MRTA, terroristas que fueron neutralizados y luego enterrados en cementerios tan áridos como sus revolucionarias ideas. ¿Por qué los peruanos debemos vivir la contradicción de ser enjuiciados por las buenas acciones? ¿Por qué individuos que desean acabar con el sistema social que construimos con dificultad tienen más derecho que aquellos que sirven y acatan el mandato constitucional de ejercer la fuerza física en bien de la sociedad? ¿Por qué un dudoso sistema de instituciones, que dicen representar a la sociedad civil, puede poner en jaque al Estado Constitucional empleando el solo testimonio de un supuesto testigo, ciudadano de otro país, reconocido y confeso marxista-leninista, sociólogo de profesión con profundos estudios de la problemática social del Perú en zonas dominadas por el accionar terrorista de los años ochenta, sospechoso de tener cercanas relaciones con los individuos terroristas del MRTA, que nunca ha rendido una manifestación en el Perú?

El ciudadano japones Hidetaka Ogura

Hidetaka Ogura dice que vio cometer “ejecuciones extrajudiciales” bonito eufemismo que los defensores de los “derechos humanos” emplean para poder acusar a todo militar y policía que se interpone en sus oscuras intenciones para desestabilizar gobiernos y Estados soberanos. El japonés-sociólogo-comunista, el mismo que comía alegremente con los del MRTA durante el secuestro, se limitó a escribir una escueta carta afirmando lo que supuestamente vio, nunca ha dado la cara ante la justicia peruana para repetir sus afirmaciones. Para el APRODEH esto no ha sido impedimento para abrir juicio en contra de los comandos Chavín de Huantar… y casualmente, fue el mismo APRODEH la organización que pidió ante el parlamento europeo retirar al MRTA de la lista de organizaciones terroristas ¿Casualidad?¿Acto de humanidad?

¿Qué otra evidencia se necesita para colocar en el banquillo al japonés-sociólogo-marxista y a la organización-proderechohumanista-proemerretista?

Peruano: no te dejes sorprender por los lobos con piel de cordero del marxismo-leninismo-maoismo internacional.

Héroes de Chavín de Huantar: su historia está escrita en el corazón de todos los peruanos honestos y amantes de la paz.

Publicado en civil-militar, fuerzas armadas, inteligencia, intolerancia, medios de comunicacion, política, relaciones internacionales, Uncategorized | Deja un comentario

Probable ruta del Costa Concordia

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

C-130 Performs Extreme Demo | Military.com

C-130 Performs Extreme Demo | Military.com.

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

The Learning Mindset: Winning in the Civilian Sector | Military.com

The Learning Mindset: Winning in the Civilian Sector | Military.com.

Publicado en civil-militar, fuerzas armadas, militares | Deja un comentario

Constantes históricas en el comportamiento vecinal de Chile

por Félix C. Calderón*
(Cartavio, La Libertad; 1947- Lima, setiembre 5, 2011)

El teorema geopolítico que los peruanos deben tener siempre presente es que Chile ha visto al Perú, históricamente, como su enemigo natural. Y hacen muy mal los panegiristas del entendimiento y la cooperación vecinal en olvidar, soslayar o edulcorar este hecho irrebatible que es, además, inconmovible, por lo menos mientras siga vigente la concepción del Estado-nación. No es esto, obviamente, un reflejo de perdedor, como se ha atrevido a decir un peruano de última hora, a causa sin duda de una reflexión indigesta provocada por su conocimiento superficial de nuestra historia. No. Ese teorema fluye fácilmente del análisis del comportamiento histórico de Chile con respecto al Perú y nos da la pauta de cómo es menester actuar, porque nunca es tarde, para que por fin podamos encarrilar las relaciones vecinales sobre un terreno común de mutuo respeto y ventajas recíprocas.

Antes y después de su existencia como república, Chile ha visto al Perú como una amenaza y, por lo mismo, ha sabido encontrar su razón de ser a sus expensas. Pero no ha sido el único. Simón Bolívar fue el primero en trazar un designio geopolítico avieso contra el Perú, epicentro ancestral de la gran nación andina (principalmente Perú, Bolivia y Ecuador), usurpando Guayaquil y creando luego Bolivia. De esta forma, fragmentó el espinazo andino y contrapuso por casi dos siglos a sus pueblos. Años más tarde, el comerciante de Valparaíso, Diego Portales, hizo el resto con un designio concordante, pero por el sur, a fin de mantener la dependencia del comercio peruano de los puertos chilenos. En suma, el Perú desde su nacimiento como república tuvo que hacer frente al embate de dos pretensiones geopolíticas adversas, por el norte y por el sur, además de la penetración amazónica del imperio brasileño. Situación altamente desventajosa de la que Chile supo aprovecharse con el tiempo para satisfacer sus propias ambiciones.

La usurpación territorial a resultas de la guerra victoriosa que libró Chile contra el Perú en 1879, con la interpósita acción de Bolivia y ayudado por el comportamiento claudicante, como en 1837, de gran parte de la casta política peruana, se tradujo en una serie de constantes en su comportamiento bilateral, cuyos resabios aún se notan hoy en día. Estas constantes en su comportamiento no son, por cierto, exclusivas de Chile. En puridad, son patrones comunes de comportamiento que sigue todo Estado agresor y usurpador, como se desprende de una rápida ojeada a la historia universal, en la medida que se trata de preservar lo usurpado y de erosionar cualquier intento de revancha. Es decir, están signadas por la codicia y el miedo, y su lógica subyace siempre en la fuerza, porque no hay otra forma de mantener lo ajeno. Por lo mismo, no estamos hablando de un comportamiento malicioso estático, sino dinámico, aunque en este caso siempre en función del Perú que representa el peligro a conjurar y mediatizar.

Antes de concluir la paz con Bolivia y obsesionado por su flagrante incumplimiento del Tratado de Ancón de 1883, Chile puso en marcha un reprobable proceso de chilenización en las provincias cautivas de Tacna y Arica con el deliberado propósito de expatriar o exterminar a la heroica resistencia de los peruanos ligados ancestralmente a esos territorios. Es decir, el usurpador efectuó el primer caso mundial de “political cleansing” en el siglo XX. Convergentemente, prejuzgó la solución al problema que generaban esas provincias cautivas, disponiendo de manera arbitraria el trazado del ferrocarril Arica-La Paz, sin parar mientes en usurpar para ese efecto una porción de la provincia de Tarata que no tenía por qué ser parte de la ocupación chilena, tal como lo revelo en mi libro “El Tratado de 1929. La otra historia.” En fin, para ser breve, instigó la rivalidad del Ecuador y Colombia hacia el Perú mediante la venta subrepticia de armas y acuerdos secretos con esos países, en su afán de debilitar el accionar diplomático del Perú que tenía, también, que hacer frente por el norte a pretensiones amazónicas desmedidas por obra de Bolívar, sin contar la competencia por el Acre (Un caso similar se produjo durante el conflicto del Alto Cenepa 3n 1995 cuando el gobierno de Chile proporcionó armas a Ecuador. N.E)

Una vez que suscribió la paz con Bolivia en 1904, Chile se aprovechó del entredicho con el Perú que provocó Bolivia al rechazar el laudo arbitral del presidente argentino Figueroa Alcorta, para azuzar a ese país a la guerra e inclusive venderle armas. Por cierto, ayudaba indirectamente a esta manipulación interesada del vecino del sur el hecho que el Perú accediera al siglo XX con una casta política visiblemente mediocre e incapaz de poner fin al desgobierno y de acometer con resolución la solución definitiva de algunos de los diferendos limítrofes que se mantenía con los cinco países fronterizos.

Cuando el presidente Augusto B. Leguía, el único estadista que ha tenido realmente el Perú con prescindencia de sus maneras dictatoriales, zanjó definitivamente en setiembre de 1909 las fronteras con Brasil y Bolivia, tras una faena negociadora histórica de tres semanas, la diplomacia chilena buscó arrinconar al Perú exacerbando otra vez las pretensiones de Ecuador y Colombia, mientras se esforzaba inescrupulosamente por consolidar sus posiciones en Tacna y Arica. Basta traer a colación en abono de este aserto la tensión bélica que vivió el Perú en la segunda década del siglo XX, en el frente amazónico, con incidentes como el de “La Pedrera”, o la ruptura de relaciones diplomáticas y consulares con Chile, entre otros. Mas, fue otra vez Leguía quien logró romper la secular inteligencia colombo-ecuatoriana con el Tratado Salomón-Lozano, cuyo efecto inmediato fue malquistar entre sí a esos dos países que en 1916 se habían repartido a su regalado gusto la margen izquierda del río Marañón-Amazonas, disponiendo sin ir muy lejos de la precaria posesión peruana en Leticia. Asimismo, fue Leguía quien zanjó en 1929 de manera definitiva la dolorosa cuestión de las  provincias cautivas, logrando el regreso de Tacna a la heredad nacional, aunque parcialmente mutilada por culpa de la propensión usurpadora de los chilenos, como lo prueban las azufreras de Tacora, ahora en poder de Chile y arrancadas al Perú en la hora undécima.

A partir de ese momento, 1929, reducidas las aristas de confrontación del Perú, el interés de la diplomacia chilena se centró, como es lógico suponer, en soliviantar al Ecuador, único país con el cual el Perú mantenía un diferendo limítrofe, como mejor manera de complicar el accionar diplomático de Torre Tagle que debía, además, procurar la plena y satisfactoria ejecución del Tratado Rada Gamio-Figueroa Larraín. Tras el conflicto del Zarumilla en 1941 y producido el cese de fuego, como lo detallo en mi libro “La negociación del Protocolo de 1942: mitos y realidades,” la diplomacia chilena buscó afanosamente con el apoyo del Ecuador, sumarse al trío de Estados (Argentina, Brasil y Estados Unidos) que por años venían ejerciendo sus buenos oficios para resolver la controversia limítrofe. No fue, dentro de este contexto, un gesto altruista ni desinteresado de Chile; sino una previsible maniobra, íntimamente ligada a sus pretensiones portuarias en el Pacífico (no obstante mediar condiciones geográficas adversas) que lo obligaban a poner cortapisas a la ejecución del artículo 5° relacionado con el muelle de atraque a favor del Perú para así reducir a la nada la ventaja arrancada por Leguía al final de la negociación en 1929. Por eso, la venta de municiones y armamentos que hizo Chile al Ecuador en 1995, en plena guerra del Cenepa, no fue un hecho casual o accidental. Nada de eso, fue una acción deliberada propia de quienes actúan con mentalidad usurpadora. Y si un japonés sin raíces peruanas no le dio en ese entonces la importancia debida, esto no inhibe de responsabilidad a quienes ejecutaron por esos días la política exterior del Perú. Porque si en el caso de Argentina se ha llegado a determinar que hubo una operación delictiva, conducida clandestinamente, de allí el juicio al que fueron sometidos los responsables; en el caso de Chile fue una acción consentida por su propio gobierno, y esto es lo grave, al punto que a nadie en ese país se le haya juzgado por ese hecho protervo y felón, una vez puesto en evidencia.

La vinculación de su ambiguo papel de garante con la plena ejecución del artículo 5° del Tratado de 1929 queda evidenciada cuando al año siguiente de haberse concluido la paz con el Ecuador, en 1999, Chile concluyó con el Perú un Acta de Ejecución destinada a cerrar la controversia portuaria que fue la que mayores dificultades creó durante la negociación del tratado entre noviembre de 1928 y mayo de 1929. Como era de esperarse, el Perú estuvo lejos de obtener en 1999 lo que Chile propuso originalmente al presidente Leguía, si se compara el imponente muelle atribuido al Perú que figuraba en el plano del desarrollo portuario de Arica entregado por el embajador chileno Figueroa Larraín al mandatario peruano, en mayo de 1929, con el inútil y dependiente mini-atracadero situado fuera del marco original de la bahía de Arica que hoy se considera como el “muelle” peruano (véase los anexos de mi libro sobre el Tratado de 1929).

Sin embargo, en honor a la verdad, no fue éste un logro reciente de la diplomacia chilena, pues ya en 1964 y más tarde en noviembre de 1985, Chile había sentado mañosamente las bases de esa nueva usurpación, una vez que el taimado Ríos Gallardo intuyó en la década de los cincuentas que el Perú había perdido el plano entregado a Leguía y, por lo tanto, la diplomacia peruana desconocía ese importante compromiso. Claro que lo mismo no puede decirse de quienes negociaron el Acta de Ejecución, por cuanto quien esto escribe exhumó literalmente dicho mapa del archivo central de Torre Tagle a fines de 1998, tras casi setenta años de haber sido ignorado. Ergo, hay responsabilidad histórica por parte de quienes en 1999 transigieron con la arremetida chilena a sabiendas de que hacía trampa. Es más, hay razón para preguntarse si no era mejor reabrir las negociaciones en materia de ejecución del artículo 5°, justamente porque existía, además, el problema colateral de la delimitación de la frontera marítima con Chile, en el cual la mentalidad usurpadora amenazaba inclusive con apropiarse del pequeño triángulo de playa situado al norte del arco que sigue la línea limítrofe y, por ende, peruano.

Para recapitular, ha sido la lógica implacable del teorema geopolítico enunciado al inicio de este artículo, la que explicaría la persistencia por parte de Chile en la observancia de esas constantes de comportamiento en su relación con el Perú. Aparte de ser muy redituable en términos territoriales, le ha permitido guardar coherencia en su accionar, al margen del carácter civil o militar de sus sucesivos gobiernos, dar continuidad a su diplomacia y ha hecho previsible su proyección geopolítica. Obsesionados como siguen con ese enemigo natural, algo que no ocurre en el Perú en que a un sector de la burguesía le gusta ver a Chile como su aliado, el miedo a la revancha es un fantasma omnipresente en los chilenos, como igualmente lo es la gran amenaza que supone la reconstitución de la gran nación andina.

De allí que la diplomacia chilena haga ahora todo lo posible por profundizar la división entre los pueblos andinos (echarle la culpa al Perú en la solución de la aspiración marítima de Bolivia, en virtud de la cláusula cerrojo de su autoría incluida en el Protocolo Complementario, es un ejemplo de ello), puesto que ha descubierto que si quiere mantener cierta supremacía en esta parte de mundo, vale decir asegurar su supervivencia, no tiene más remedio, ante la imposibilidad de nuevas guerras de conquista, que transformar al Perú y Bolivia, por lo menos en el corto y mediano plazo, en su hinterland vital habida cuenta de la clamorosa carencia que adolece su tripa territorial de recursos energéticos, hídricos y los limites asfixiantes de su diversidad biológica. Y es aquí cuando el Perú debe imaginar, concebir e implementar una política de respuesta y contención igualmente duradera, ambiciosa y agresiva en diferentes planos, sobre la base del principio rector que en los tratos con el usurpador es éste quien tiene que hacer las concesiones y no al revés.

Desde este punto de vista, el problema de la delimitación marítima debe involucrar a los Estados Unidos como árbitro por haber puesto Chile en tela de juicio el punto final de la frontera terrestre que es hacia abajo en el sentido del arco, y no del paralelo geográfico. Asimismo, se debe reglamentar de conformidad con las disposiciones constitucionales sobre seguridad y defensa la penetración chilena en el sector terciario, principalmente de los servicios, teniendo en cuenta los riesgos que entraña esa mentalidad usurpadora del hinterland. No deja de ser paradójico que Chile figure como un exportador mundial de maderas tropicales sin tener selva. Tampoco parece lógico que el Perú venda gas a Chile para atender las necesidades energéticas de los territorios que fueron usurpados, salvo que pague el doble o le vendamos, mejor, energía eléctrica. En fin, antes de poner una serie de etcs., se debe exigir a Chile que, sin mayor dilación, proceda a la rectificación histórica brindando las disculpas debidas y otorgando las reparaciones del caso por las atrocidades cometidas durante la invasión usurpadora de 1879 y con posterioridad hasta 1929, incluyendo la compensación a los peruanos de Arica y parte de Tacna por sus propiedades privadas arrebatadas, la edición de libros de historia que pinten los hechos tal como ocurrieron para escarnio de sus llamados héroes, la supresión del homenaje a sus glorias nacionales porque eso es una afrenta para el Perú (sobre todo en el Morro de Arica), y la devolución de lo robado. Pues no hay peor injuria que la subliminal, como lo ha demostrado ese infamante vídeo de Lan, obra de imberbes. En Europa solo se ha podido hablar de reconciliación una vez que los agresores han hecho propósito de enmienda y han reivindicado la dignidad de los pueblos ofendidos.

Por último, sin ser menos importante, en cuanto al objetivo de la reconstitución de la gran nación andina, que es lo que aterra a los chilenos, éste solo podrá ver la luz si los prolíficos pueblos andinos en los tres países involucrados ponen el sincretismo histórico al servicio del mandato telúrico.
……………………………………….
Embajador, autor de los libros “El Protocolo de 1942: mitos y realidades.” (Academia Diplomática del Perú, 1997), “El Tratado de de 1929. La otra historia.” (Congreso de la República, 2000), y “Las veleidades autocráticas de Simón Bolívar.- Tomo I: La usurpación de Guayaquil” (Aleph, a publicarse este mes de junio), entre otros.

Publicado en chile, desarrollo, fronteras, geopolítica, inteligencia, política, relaciones internacionales, tratado 1929 | 3 comentarios